HomeCultura Sexual#Altocalcifilia ¡Súbete a unos tacones pequeña!

#Altocalcifilia ¡Súbete a unos tacones pequeña!

Tras mucho tiempo buscando pasantías, al fin conseguí una entrevista  en una importante empresa aseguradora en Bogotá, donde tendría  beneficios y salario como cualquier trabajador, cosa que es poco común.

Como una mata de nervios asistí a la oficina de contacto para reunirme con el Presidente de la institución, por un momento pensé que todos a mi alrededor podían sentir la especie de temblor que dejaba en el suelo al pasar, respire profundo y entré, ahí estaba él, un señor de 40 años, con traje elegante, una piel ligeramente rosada en sus mejillas, el cabello negro y liso peinado hasta la última hebra, zapatos pulidos y un aroma imponente, jamás olvidaré ese perfume, era una mezcla de tabaco con notas dulces y cítricas.

Más coloquial de lo que esperaba comenzó con la entrevista, me pareció un poco extraño que sus preguntas fueses tan personales, ¿dónde y con quién vives?, ¿Hobbies?, ¿Novio?, sin embargo conteste una a una intentando parecer relajada aun cuando los colores me subieron a la cara.

El empleo era mío, era una oportunidad para brillar, aprender y ganar dinero, había decidido vivir sola y me estaba costando mucho mantener todos los gastos.

Día a día llegaba puntual, cumplía con las tareas asignadas, pero no dejaba de pensar en aquel hombre que me había entrevistado. Ring ring ring, sonó el teléfono principal de la oficina y tuve que correr a contestar, al otro lado sentí una respiración agitada, ahí estaba él, sentí que lo había llamado con el pensamiento, no era posible que justo en ese momento hubiese llamado y mucho menos que quisiera hablar conmigo.

“Heidy, necesito que vengas a la sede principal, enviaré a un chofer por ti, hay unas personas que quiero que conozcas, tengo un plan en mente y me gustaría que dirigieras todo lo concerniente a la reunión”, esas fueron sus palabras, por un momento dudé, no podía creer lo que había dicho, como era que yo una recién llegada iba a dirigir uno de sus asuntos importantes.

Al cabo de 40 minutos ya había llegado a su oficina, me explicó el proyecto, quería que hiciera todos los preparativos para la reunión anual de la directiva, planeara el almuerzo, todo lo referente a la organización, protocolo y estadía de las personas que asistirían.

Así pasaron los días y cada vez que adelantaba algo tenía que reunirme con él para explicarle los detalles, siempre notaba que su cuello y cara se llenaba de parches rojos cuando nos veíamos, pero pensé que era algo natural en su piel, hasta que sin pensar una de esas tardes se sentó muy cerca de mí y  sin más me dijo que  lo estaba volviendo loco con los tacones que llevaba.

No sé si me sentí alarmada o excitada, solo pude respirar profundo y sonreírle, lo cierto es que no me era tan indiferente el señor Tobías y si lo estaba volviendo loco con mis tacones, el me volvía loca a mí con su perfume.

Se acercó un poco más y me besó el cuello, sentí su respiración agitada, caliente, suprema, mi cuerpo reaccionó con un escalofrío, erizándose de punta a punta.

“Quítate la ropa y solo déjate los tacones”, me ordenó, como si estuviese muy seguro de que no iba a poner peros.

Un poco intimidada por su voz, hice lo que me pidió sin titubear quede frente a él, con solo unos tacones atigrados, la boca roja y el pelo alisado hasta la cintura.

Sus ojos brillaban como si acabara de destapar el mejor regalo que le han dado en su vida, se sentó en uno de los muebles de cuero de su amplia oficina y me pidió que subiera uno de mis pies a su pierna, comenzó a besarlo desde el empeine hasta llegar al muslo, estaba frenético.

Me lanzó al mueble y enroscó mis pies en su cuello, se colocó un preservativo y me penetró bruscamente, una, dos, tres estocadas, bajaba el ritmo y luego comenzaba de nuevo bruscamente. “No vuelvas a ponerte zapatos altos para venir a trabajar o tendré que hacerte lo mismo cada día, no podría parar” me decía.

Me miraba a través de las piernas y cuando no pudo más salió rápido de mí, se arrancó el condón y se corrió en mis piernas.

Me dio un salvaje beso y me ordenó vestirme, al salir de su baño personal me dijo, “vuelve al trabajo y ya sabes pequeña no oses volver a ponerte tacones”.

Salí ruborizada de su oficina con la culpa en la cara, casi como si todo el mundo  supiera lo que había pasado ahí dentro, esa noche al llegar a casa me detuve frente a mi armario 2 horas pensando que zapatos ponerme al siguiente día…tenía al menos 20 cajas llenas de tacones.

Tacones= Deseo extremo

A pesar de que pueda resultarnos más o menos extraña, la atracción sexual por los zapatos es bastante frecuente.

La altocalcifilia es un tipo de fetichismo en el que comúnmente hombres oficinistas disfrutan y obtienen placer al observar mujeres que lucen tacones altos.

De igual manera pueden sentir lo mismo al llevarlos puestos.

Las personas que padecen este patrón de comportamiento sexual, entre otras cosas, disfrutan acariciando, oliendo, besando o lamiendo el calzado de los demás o sintiendo los zapatos encima de ellos mismos, ya que se asocia el pie y el zapato con los genitales, normalmente femeninos.

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