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El erotismo más allá del sueño

Todas las noches al acostarme es una total pesadilla, ya que mi cuerpo en esa plena tranquilidad de la noche, siente el deseo de estar con esa persona que alguna vez estuvo todas las noches en dos camas -la mía y la de él- teniendo el mejor encuentro, sintiendo el único placer y llegar al clímax perfecto.

Es difícil lidiar todas las noches con un cuerpo ardiente, acalorado, húmedo, que quiere explotar de placer con esa persona que hace un año se fue. Acostarme y de repente sentir cosquillas en mi pelvis ¿Cosquillas?, pues si esa sensación es la que siento al quedarme dormida. Es un erotismo único durante esos cinco minutos de sueño que agarró al quedarme dormida y pensar en él.

Mi cuerpo ya me pedía a gritos que él lo penetrara, así como sabía hacerlo, fuerte, despacio, intenso, alocado, con movimientos de caderas alternados. Si hablamos de penetraciones, la suya era exquisita.

Me senté en mi cama, apoye la espalda en la pared, y me dedique a pensar, recordar, y hasta de algún modo saborear las imágenes que venían a mi mente del excelente sexo que él me daba.

Imágenes de todas clases, aquella vez arriba de la mesa, donde grite como nunca, donde cada embestida fue demasiado rica.

Recordaba, recordaba y mordía los labios, un suspiro suelto en la habitación, mi mano acariciando mi pierna desde la rodilla hacia arriba. Sin querer hundía mis uñas en la piel. Me estaba pasando eso, si definitivamente mi cuerpo lo extrañaba, me moría de ganas de que el me hiciera de todo, todo lo que se le plazca conmigo.

Poco a poco de imaginarme todas esas cosas tan ardientes, no me quedo más opción que ir explorando mi cuerpo lentamente sin salir de mi mundo, donde estaba él con sus caricias, sus besos orgásmicos, su lengua rítmica y sus ricos movimientos. Termine con mi cuerpo arqueado, las piernas temblando, totalmente húmeda y con un orgasmo que me llevo a la gloria.

Algunos Tip para una masturbación larga y placentera

Encuentra el equilibrio sexual

Numerosos estudios demuestran que las mujeres que practican la masturbación tienen una vida sexual mucho más activa y enriquecedora. La mayoría de las mujeres alcanzan el orgasmo a través de la masturbación, así que para las que todavía no se atreven, ¡no lo duden más! Masturbarse es la mejor forma de conocer los puntos sensibles y descubrir tu propio cuerpo: el clítoris, el punto G y otras zonas erógenas. Una vez que aprendas cómo llegar al orgasmo, será mucho más fácil guiar a tu pareja para alcanzar una mejor vida sexual.

Utiliza tus dedos

Con las piernas abiertas en posición acostada o sentada, tienes que poner a trabajar tus dedos. Empieza por explorar tu vulva con caricias. Abre bien los labios (grandes y pequeños) para descubrir tu clítoris y utiliza tu dedo índice acariciando y jugueteando con éste hacia delante y hacia atrás, hacia arriba y hacia abajo, efectuando movimientos circulares si eres sensible. Determina el ritmo que te procura más sensaciones y mantenlo hasta llegar al orgasmo.

Si eres tímida, utiliza un objeto

La vagina es profunda y de difícil acceso para las manos. Haz uso de tu imaginación y utiliza objetos para acariciarte y penetrar tu vagina. Explorar los placeres de la masturbación. Lo más sencillo es que te pongas en posición acostada y coloca el objeto entre las piernas efectuando un movimiento de vaivén para frotar el clítoris. Busca el ritmo y la presión que te procure más placer.

¿Placer solitario o compartido?

Masturbarse cuando se está sola no tiene por qué significar que se trate de una compensación a una falta de relaciones sexuales. Es una forma de disfrutar de un momento de placer consigo misma, durante el cual todo está permitido. Y al contrario de lo que se pueda creer, las mujeres sin pareja no son las únicas que lo practican. Para las que deseen compartir ese instante de placer con su pareja, es un signo de confianza y complicidad. Al observarte darte placer podrá conocer mucho mejor lo que prefieres.

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