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Otro hombre en mi cama revivió mi #Matrimonio

35 años de edad y 8 de casada, con una hija de 5, mi mundo es cuesta arriba cada día, el trabajo, la rutina de pareja, los quehaceres de la casa, no había nada emocionante que contar o hacer, mañana tras mañana al sonar la alarma se repetía la misma historia, hasta que conocí a Alberto, un muchacho de 26 años, alto, atlético, cabello rubio, ojos azules y nariz perfilada, como sacado de una revista.

El primer día que entró a mi oficina me recree toda la tarde pensando en su cara, era tan simétrica, con una barba al ras bien cuidada y marcada, cada poro de su piel emanaba testosterona, era de esos hombres que transmiten ser el macho alfa, sumida en mis pensamientos quise ponerme el freno de mano, le llevaba casi 10 años ¡por Dios en que estoy pensado! me dije.

Alberto, era el hijo del dueño de la empresa para la que trabajo y había llegado para colaborar con las entregas de unas tarjetas de presentación y volantes, había muchísimo trabajo diariamente y necesitábamos una mano.

Yo no pasaba por el mejor momento, pero sus comentarios y chistes cada día me hacían sentir otra vez viva. Compartíamos como compañeros de trabajo, almorzábamos, hablábamos, nada del otro mundo, pero yo iba sintiendo una extraña conexión con aquel muchacho.

Comencé a arreglarme de nuevo, a sentirme fresca y con energía, el me transmitía eso o tal vez yo lo estaba imaginando pero daba igual. Hasta que un día sin más me invitó a tomar unas birras al salir de la oficina, dije que si porque al fin y al cabo no se trataba de nada malo, otros compañeros también irían.

Ese viernes fuimos a una tasca frente al Centro Comercial Lido, arregle que mi hermana cuidara a mi hija, pues mi esposo también se reuniría con sus amigos, a las 5 de la tarde salimos como alma que lleva el diablo de la oficina, todos dispuestos a relajarnos en un after office, después de una larga semana, lo merecíamos.

Una tras otra, la mesa se iba llenando de botellas vacías de cerveza, cantamos karaoke, bailamos, sudamos, nos reímos.

A las once de la noche ya quedábamos solo 4 en mi grupo, como era de esperar Alberto se ofreció a llevarme, con tanto alcohol en la sangre y las hormonas revolucionadas no dudé, al entrar al carro sentí más calor que nunca, las piernas me temblaban como a una adolescente, no podía soportar un minuto más estar a solas con él, de un momento a otro mis impulsos me iban a traicionar.

Para mi sorpresa lo traicionaron primero a él, la respiración me abandonó cuando vi su cara pegada a la mía, nuestras narices rozaban y sus ojos me pedían permiso para explorar mi boca.

La electricidad se sentía en nuestras lenguas, mi piel le rogaba que me tocara y me besó.

Como nunca nadie lo hizo, paso su lengua por toda mi boca, suave y salvaje a la vez, soltó toda la tensión que había guardado durante un mes, sus dientes chocaron con mi labio y lo mordisqueó como un dulce, succionó poquito a poco mi lengua, me hizo el amor con la boca.

Mi útero iba a explotar, me humedecí más allá de la ropa interior, solo pude susurrar “hazme tuya” y lentamente lleve su mano a mi pelvis. Sin desabrochar el pantalón la metió ágilmente y tocó mis labios hinchados, arriba y abajo, con un solo dedo me tanteó, sacó su mano, la acercó a su boca  y chupo mi esencia.

“Sabes divinamente, quiero más y lo quiero ya, pero en la comodidad de una cama, si estas dispuesta vamos a salir de aquí”, me dijo.

Solo tuve que volver a besarlo para que supiera que mi respuesta era si, llegamos rápido a un hotel en El Rosal y desenfrenados comenzamos a desnudarnos, lo hicimos 3 veces, esa noche tuve una sesión de sexo increíble, me sentí deseada, sexy y ardiente como llevaba tiempo sin hacerlo.

Hasta el sol de hoy no he tenido remordimiento, al contrario creo que esa aventura reanimó la relación con mi esposo, hoy tengo más ganas de estar con él, compartir cosas, tener sexo.

Hablan los expertos

Según los parámetros en los que la sociedad nos ha educado, infidelidad suena a crisis sentimental o, peor aún, a final, sin embargo algunos expertos señalan que en algunos casos puede ser una oportunidad para revaluar y reconstruir el matrimonio.

La experta Mira Kirshenbaum, que lleva 30 años trabajando en terapias de pareja y es directora del Chestnut Hill Institute, en Boston, Estados Unidos, señala que puede ser terapéutica para una pareja y, contrario a lo que la mayoría piensa, unirla más.

En su libro When Good People Have Affairs: Inside the Hearts & Minds of People in Two Relationships, Kirshenbaum defiende la idea de que la infidelidad puede ser un error pero también una revelación de que algo anda mal y debe cambiar. El adulterio puede “sacar de la inercia a una relación y hacerle caer en cuenta de los vacíos en ella”.

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