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La sensual isla de San Andrés

La puerta automática del aeropuerto Gustavo Rojas Pinilla se cierra detrás nuestro y chocamos de frente con una masa de aire caliente y húmedo: bienvenidos a San Andrés, la isla del Caribe sur, en Colombia, donde todo el año es verano. Calor, palmeras, arena blanca, corales, peces de colores y mar transparente o turquesa o azul intenso o verde, pero siempre a la temperatura ideal para estar con el agua al cuello.

San Andrés es la capital de un archipiélago que también conforman las islas Providencia y Santa Catalina. A 775 km del territorio continental de Colombia y a dos horas de navegación de la costa nicaragüense, la isla tiene una historia intensa de vaivenes por su posesión. Descubierta por los españoles y colonizada por los ingleses, recuperada por España y cedida a Colombia, aún hay una disputa no dirimida a raíz de una resolución de la Corte Internacional de La Haya, que confirma la soberanía colombiana sobre las islas pero cede las aguas y su plataforma a Nicaragua, y que Colombia no acata.

Rebosante de turistas, San Andrés tiene, sin embargo, una identidad propia sostenida por los nativos raizales , descendientes de inmigrantes africanos, esclavizados por los ingleses que habitaron el archipiélago en los siglos XVII y XVIII. Camino al hotel, el chofer Paul, un sanandresano raizal , y el guía Deivi –isleño porque nació aquí pero no raizal, porque sus padres llegaron del continente– hablarán en perfecto español y se dirigirán a otros turistas en inglés.

En cambio, cuando Paul hable con otro sanandresano lo hará en un idioma que suena a inglés pero es, para nosotros, incomprensible. Se trata del kriol o créole , el criollo sanandresano cuyo vocabulario se origina en el inglés pero tiene una fonética distinta y préstamos del español y de lenguas africanas, además de construcciones gramaticales propias. “Los esclavos lo inventaron para hablar sin que sus amos los entendieran”, dice Paul. Hoy es el idioma oficial de la isla junto con el español.

De sólo 27 km cuadrados de superficie y con forma de hipocampo, según Deivi, San Andrés combina sin estridencias hoteles all inclusive , apart y posadas; puestos de feria, negocios y duty free ; barrios que pasan de exhibir casitas de madera a casas de material y algunas casonas señoriales; iglesias católica y bautista, y mezquita; bares, restaurantes, vendedores playeros de cocada (una especie de tortita a base de coco) y manglares, cocoteros y árboles del pan en el 70 por ciento de territorio cubierto de verde. Absolutamente todo mira al mar.

Lujo con vista al mar

El hotel Royal Decameron Aquarium forma parte de una cadena, que en la isla tiene cinco hoteles all inclusive más. Construido sobre pilotes de piedra sumergidos en el agua, los balcones de las habitaciones dan directamente al mar. Tiene muelles desde donde ver el atardecer, una pileta natural, kayaks y toda clase de actividades. Pero en esta isla no parece una opción quedarse cómodamente instalado. Lo que ya sabemos de ella nos invita a salir a recorrerla.

Una manera de hacerlo es dando la vuelta a la isla en un city tour, que puede hacerse en coloridas chivas , colectivos típicos de Colombia, o por cuenta propia, alquilando un carrito de golf (para cuatro pasajeros) o una mulita , un vehículo un poco más grande con capacidad para seis personas.

Hay varias paradas obligadas en esta vuelta: el recorrido pasa por los barrios San Luis y La Loma, donde se establecieron los primeros poblados. Subiendo La Loma se llega al punto más alto de la isla (120 metros sobre el nivel del mar), desde donde pueden verse con claridad los múltiples tonos que toma el “Mar de los siete colores”.

Pero antes de llegar a ese punto, Paul detiene la van que nos traslada para mostrarnos un árbol que da el fruto del pan, “una fruta bendita” –define– porque brota todo el año. Los lugareños la usan en la mayor parte de sus platos típicos. Bajo la sombra de ese árbol, en el pasado enterraban a sus muertos.

Fuente: Clarin | Foto: Costa pacífico
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